No Todo El Mundo Tiene Su Parte De Razón.

No tienen razón los que dicen que todo el mundo tiene su parte de razón.

Tampoco cualquier opinión es igual de respetable: su opinión no merece mi respeto, por falsa.

Hay opciones muy acertadas y otras despreciables. Hay gente que se acerca a la verdad y los hay que sólo mienten.

Es por ello que no puedo estar en absoluto de acuerdo con que hay que buscar siempre el acuerdo. 

¿Qué pasa en el colegio? Un idiota le pega a un buen chico y si el adulto de turno tiene vocación de mediador o intermediario del pacifismo más ingenuo y torpe acaba imponiendo que ambos se pidan perdón. Sentencia, de forma injusta, que uno procure no pegarle más y que el otro procure no provocarle. ¿Y si su única provocación era existir? ¿Debe suicidarse?

A menudo tenemos que acabar cediendo y acercando posturas, sin que ello por norma sea lo más deseable. Es decir, no tiene por qué ser lo mejor que todas las partes cedan. Tampoco que el punto justo de encuentro entre dos puntos de vista sea casualmente en medio.

Los poderes están monopolizados por artistas del consenso, predicadores de la bondad del acuerdo a cualquier precio, en vez de la necesidad de hacer lo que realmente conviene.

El problema es que los expertos en negociación tienen más de supervivientes que de líderes, y como para prosperar deben anestesiar la ética, se abocan al cinismo más puro. Van de estrategas, pero no pasan de un tacticismo mediocre y amoral.

Vamos hacia una sociedad gobernada tan absurdamente que si tu me quieres romper las dos piernas y yo preferiría que no me rompieses ninguna, en la cumbre de turno decidirán que sólo me rompas una, y todos contentos.

Este texto es de mi añorado Carles Capdevila en su libro “La vida que aprenc”, y no puedo más que suscribirlo al cien por cien.

Viene siendo lo que a día de hoy te encuentras en  los juzgados. Parece que lo bueno es que nadie tenga razón. O al menos toda la razón, de forma que incluso los jueces están impregnados de esta filosofía nefasta y mediocre, funcionando a golpe de forzar soluciones salomónicas.

Justo ayer tuve un juicio por la extinción de una pensión alimenticia de una hija mayor de edad. El caso es que la hija ya ni vivía con la madre. Era un hecho incontrovertido, y por lo tanto la pensión debía extinguirse.

No obstante, mi cliente también reclamaba con retroactividad las pensiones indebidamente pagadas, dado que la madre no había informado al padre de que meses atrás la hija se había incorporado al mercado laboral.

En la reunioncita esa de antes de la vista entre el Juez y los letrados para ver si nos ahorramos un juicio (que dicho de paso, podrían empezar a grabarse) el Juez me dijo que eso de la retroactividad se tendría que acreditar. Yo le contesté que por supuesto, aunque ya adelantó que lo veía un tema “de solución fácil”, dejando la pensión extinguida y renunciando nosotros a reclamar con retroactividad.

Su Señoría reconocía que sin convivencia no podía continuar la obligación de pago de la pensión. Tonces yo le dije que porque no acordábamos la extinción de la pensión y entrábamos a discutir sobre la retroactividad de lo indebidamente abonado, a lo que el Juez exclamó: “hombre, pero entonces ustedes no estarán cediendo en nada”.

Total, que como ya te adelantan la sentencia, al cliente de turno se le quitan las ganas de seguir, y te dice venga va… pues llegamos a ese acuerdo y nos vamos. Guay. Que buenos somos todos. 

Pues no señores. Que la pensión debía extinguirse era obvio porque la hija ya no vivía con su madre, pero también era fácilmente demostrable que había existido un abuso de derecho por parte de la madre, al haber recibido indebidamente importes de dinero que no le correspondían. Pero todos tenemos razón y todos somos muy buenos.

En síntesis. Muchos de mis clientes (y no clientes) leen en los artículos de este blog jurisprudencia muy bonita, excelsa, trabajada y muchas veces rayando la excelencia. Tonces llegan a tu despacho y les dices que sí. Que eso es posible en su caso. Les generas unas expectativas… y luego el Juez te dice: ¿acaso usted no va a ceder en nada?, o lo que viene a ser lo mismo: ¿Vive usted en Disney?

No hace muchos días un compañero y amigo Letrado me hablaba de su decepción y desazón en relación a la profesión. “Todos pierden, incluso el que gana los pleitos, sabedor de que cuantas más trampas haga mejor le va a ir”, me decía. “Y lo peor de todo es que ves que normalmente tu actuación no sirve para casi nada. En otros trabajos (zapatero remendón, enfermero, lampista, maestro…) se ve el resultado, se palpa que tu aportación ha servido para algo”. Cuanta razón.

Imagen: Adobe Stock.

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