Un Hombro En El Que Llorar.

Y cuando ya pensabas que estaba todo superado. Que ya había pasado el tiempo suficiente. Que lo peor ya había quedado atrás…. Zaaasssss!!!! Otra vez el hundimiento. Han vuelto la tristeza, la pena, el dolor, los recuerdos,… Y todo ha caído como un mazazo. Como con más fuerza que nunca, si es que era posible.

Es muy normal. Compartiste tantas cosas con esa persona que seguro que ha quedado ahí una huella que difícilmente se borrará. Aparecerán esas sensaciones guadianeras como si fuesen una de esas olas que te pillan desprevenido en la orilla del mar en esos días de verano. Y te plantearás si algún paso fue dado en falso.

Será más fácil que te suceda cuando estés con la guardia baja. En un momento difícil o de alta presión por ejemplo a nivel laboral. Cuando eches de menos ese hombro en el que poder llorar un poquito. Ese que durante tanto tiempo no te faltó.

Es la dureza de las rupturas. Puede que te sientas o no identificado con lo expuesto. Sino tendrás otra historia que también te remueva de vez en cuando. Tu propia historia.

En un juzgado de familia, además de togas, códigos y expedientes … Se cuela lo de arriba.

 

 

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