Otra Semana Santa.

Puede que ya hayas empezado tus vacaciones. O quizás todavía no, pero estés a punto de hacerlo.
No será nada O.k. que la alegría general de la gente por romper con el ritmo habitual no vaya contigo. Que para ti más bien sean unos días que estorban un poco ahí en medio. Que simplemete el oír hablar de operaciones salida, retorno, completo o no en plazas hoteleras y si va a hacer o no buen tiempo, incluso llegue a incomodarte un poco.

Tampoco será muy buena señal que esta Semana Santa te transmita la mismas sensaciones que la del año pasado, y que tengas la certeza que pasará lo mismo con la del año que viene. Y lo peor es que si te pones a pensar esté pasando con cada periodo vacacional, minivacacional o de asueto. Y piensas que estamos a nada del verano. Esa maravillosa estación que puede dar para tanto. Y tu ahí. En esa trampa que tu mismo te has puesto y de la que no sales.

En el fondo, todos siempre sabemos lo que nos gustaría hacer en cada momento y lo que tenemos que hacer para conseguirlo. Pero somos expertos en encontrar excusas para no hacerlo, o al menos para posponerlo un poquito más. Pero tiempo que pasa, tiempo que pierdes. Y bastantes cosas hay ya que juegan hoy en día en nuestra contra y no podemos controlar, como para no ponernos, desde ya, a hacer lo que tenemos que hacer.

Quizás toca revisar algo que no funciona en tu vida. Bueno no. Seguramente eso ya lo sabes hace tiempo. Toca hacer (palabra de Isra). Ser valiente y salir de esa zona de confort, aunque más de una vez hayas pensado que nunca nada iba a cambiar. Para nada. Todo puede y debe cambiar. Aunque cueste y sea incómodo. Precisamente esa incomodidad, será la que te acerque a la felicidad, lo contrario no.

 

 

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