Fuera De Blog.

He tenido muchas dudas sobre si escribir o no este post, y al final he llegado a la conclusión de hacerlo bajo el convencimiento que será el único efecto posible del episodio que viví hace un par o tres de noches volviendo a casa en Metro.

No busco palmaditas en la espalda en plan superhéroe (entre otras cosas porque no hay motivo alguno para ello) ni lo contrario. Tan sólo, como si fuese un periodista (aunque con la objetividad algo debilitada por haber sido parte activa) voy a dejar testimonio de lo que pasó, y que hasta ahora no he explicado a nadie.

El caso es que iba yo en la línea de Metro que acostumbro, cerca de las 12 de la noche, con bastante gente en los vagones.

En una de las paradas subió una pareja que rondaría los 40 años de edad. Ella llorando y chillando desconsolada, llamándole a él machista y cobarde. Le decía que le acababa de intentar retorcer los brazos con los que trabajaba hasta rompérselos y que era un maltratador. Que siempre la maltrataba cuando no había gente. La mujer, de vez en cuando, es cierto que le agredía, en la medida de sus posibilidades, con algún tortazo que el hombre esquivaba sin mucho esfuerzo, y si lo recibía tampoco parecía afectarle mucho.

Durante unos dos minutos la situación fue esa, hasta que en un momento dado, ante una de las agresiones de la mujer, el hombre sí que la golpeó a ella en la cara, aunque con cierta levedad.

En ese espacio de tiempo pensé en todas esas veces que hemos oído en las noticias “le pegaba en medio de la calle y nadie hacía nada” ante lo que una gran mayoría se echa las manos a la cabeza preguntándose cómo pudo ser eso posible, deduciéndose que ellos hubiesen intervenido.

Pues allí nadie hacía nada, y había personas de todas las edades, sexos y condiciones. Chillidos y golpes, y nada.

Tras pensar lo anterior. Que encima soy abogado, especializado en el Turno de Oficio en violencia de género, y todas esas cosas … me vi obligado a levantarme y actuar. Chillé dirigiéndome al hombre (que acababa de hacer un conato de golpear a la mujer), diciéndole que qué pasaba, y que iba a llamar a la policía. Él me respondió que la llamase si quería. La mujer seguía llorando, y llamé al 112. Entre que conectan y no conectan y te hacen un batallón de preguntas absurdas (agilidad más bien poca), un hombre de unos 30 años de gran envergadura física, se encaró conmigo en plan amenazante e intimidador diciendo algo así como “tú muy bien llamando a la policía, por qué no actuas como las personas tanta mierda de violencia de doméstica”, “ya que te has levantado habla con ellos” (todo eso chillando), a lo que respondí que como ciudadano no era yo quien debía resolver sus problemas particulares y que lo que tenía que hacer era llamar a la policía. “Siii claro, a la policía, a la policía…”decía él.

A continuación ese mismo hombre se giró hacia la señora recriminándole a grito limipio que llevaba 10 minutos chillando y que de momento lo único que se había visto era a ella agrediendo al hombre. Yo le dije que si él sabía lo que había pasado antes, a lo que me respondió que yo tampoco lo sabía. En esos momentos ya temí por mi integridad física. El tipo era corpulento y estaba muy exaltado, pero volvió a su sitio y se sentó. A todo esto por teléfono me dijeron que enviaban una patrulla a esa parada pero claro yo les dije que el Metro iba avanzando (“que complicado”, se oyó de fondo).

Justo en la parada siguiente, había un guardia de seguridad. Obviamente me asomé y le chillé para que entrase porque había un problema. Ello hizo que el tipo corpulento dijese a los que tenía sentados delante “ahora a parar el Metro y nos tendremos que quedar aquí, y a saber cuándo llegaremos”, a lo que los tipos de enfrente asentían con la cabeza mostrando estar de acuerdo con él, e indirectamente señalándome a mi como el tío coñazo que se quiere hacer el héroe feminista y no nos deja llegar a casa. El resto del tren continuaba impasible asistiendo a todo como meros espectadores.

El de seguridad no habló ni 30 segundos con la pareja, y me hizo un gesto diciéndome que ya estaba todo solucionado. Hizo la señal para que el tren tirase, y al arrancar todo seguía igual. La mujer chillando y llorando. Llamando cobarde a su pareja por decir al de seguridad que no pasaba nada, etc…

En la parada siguiente yo me bajé, la pareja y más gente también. Parecían más calmados. Obviamente cogí mi camino distinto al de ellos. Cinco minutos más tarde me llamaron los Mossos y les explique que ya todos nos habíamos bajado en la misma parada y yo casi estaba en mi casa. Me preguntaron si habían lesiones, algún arma, el aspecto que tenían, y que si acaso ya mandarían una patrulla por ahí.

 

Photo Credit: Fotolia.

 

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