Hazte La Lista.

No cabe duda de que una ruptura es de los episodios más traumáticos que uno puede tener durante su vida.

Hay quien sale adelante con más facilidad, mientras a otros les puede dejar secuelas durante un largo tiempo.

Incluso si eres tú el que rompes, tras decidirlo de forma madura y cargado de motivos, puede existir un tiempo de altibajos, dudas, culpabilización,… Ese “quizás yo tampoco lo hice todo bien”, o “yo pude hacer más o mejor”.

Al fin y al cabo es una persona a la que has querido, y por muy deteriorada que estuviese la relación seguro que hubo buenos momentos compartidos, que ahora aparecen en tu cabeza y recuerdas con añoranza.

Es O.k. Hasta aquí, todo normal.

La lista

La tendencia al autosabotaje hace que muchas veces difuminemos u obviemos los motivos por los que decidimos acabar. La mente nos juega esas malas pasadas usando esa memoria selectiva.

Hace un tiempo leí a un psicólogo, que al hilo de este tema daba una herramienta que me pareció muy útil. Tener siempre preparada una lista para esos momentos, en la que tuvieses apuntado lo peor de la relación. Esos motivos que te llevaron a poner fin:

· ese mal gesto o chillido que con cada vez más frecuencia tenías que soportar;

· ese momento, o quizás momentos, en los que ya te faltó al respeto, traspasando lo que para ti eran auténticas líneas rojas. Inconscientemente lo habías llegado a normalizar, y un día decidiste que eso no podía formar parte de la normalidad de tu vida;

· esa falta de compromiso con lo que se suponía que era un proyecto en común, una economía doméstica;

· esos falsos compromisos o promesas de cambiar cosas que para ti eran insoportables, y que siempre acababan quedando en meras  palabras tras tres, cuatro días o, a lo sumo, una semana;

· esa sensación de incomodidad antes de llegar a casa al final del día, sabiendo que había muchas posibilidades de no encontrar el ambiente adecuado.

En fin, tú sabrás. Apúntalo todo. Recuerda porque saliste de esa relación. Hubo motivos sólidos y más que sobrados. 

A cualquier precio no merece la pena. 

Imagen: Adobe Stock.

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