El Objeto Procesal.

La petición es la declaración de voluntad que, plasmada en el clásico “súplico” o “solicito” de la demanda, integra el contenido sustancial de la pretensión, determinando los límites cualitativos y cuantitativos del deber de congruencia del juez.

Pero la petición por si sola, no integra la totalidad del objeto procesal, sino que necesita también de la fundamentación, a la que se refería el Código Civil (en el derogado artículo 1.251. I, que en la actualidad está previsto en el artículo 222.1 y 2 de la Ley de Enjuiciamiento Civil) bajo la clásica denominación de “causa de pedir”, como la Ley de Enjuiciamiento Civil en su artículo 399.3 y 4, precepto que distingue los “hechos” de los “fundamentos de derecho” que substancian la petición. Por lo tanto, es la petición, junto con la determinación de las partes y la causa de pedir, la que individualiza el objeto procesal, (Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de noviembre de 1.997), fijando los límites objetivos y subjetivos, tanto de la litispendencia, como de los futuros efectos de la cosa juzgada de la sentencia que haya de dar respuesta a la pretensión (Sentencia del Tribunal Supremo de 18 de octubre de 1.999).

No obstante, dentro de la causa petendi cabe distinguir, tal y como señala el artículo 399. 3 y 4 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, la alegación de hechos, de un lado, y la fundamentación jurídica, de otro.

En síntesis, debe quedar claro, que el objeto procesal viene determinado o, individualizado, por la petición, junto con la determinación de las partes y la causa de pedir que integra tanto la alegación de los hechos, como los fundamentos de derecho.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *