Asesorarse Bien.

Hace unos días tuve la llamada al despacho de un señor que decía haber recibido una demanda en la que le reclamaban unos cuatro mil euros. Creo recordar que eso fue sobre las 5 de la tarde. Se mostraba nervioso. Atropellado. Se amontonaba. Continuamente decía cosas sin esperar a escuchar lo que yo podía decirle. “… ¿Usted lleva civil no? … porque claro, me reclaman cuatro mil euros, pero ahí el coche ya no valía eso. Esto no puede ser. Yo le llevaré todos los papeles que tengo. Lo he encontrado por Internet. Porque me tiene que hacer el Recurso de Reposición en cinco días.” Yo le intenté tranquilizar. Le dije que lo importante era que me trajese la notificación que había recibido del juzgado (demanda y documentación adjunta incluida) y toda la demás documentación que tuviese relacionada con el asunto y que lo miraríamos todo al día siguiente, a las 10:30 horas en mi despacho. Le dije también que no tenía que interponer un Recurso de Reposición en cinco días, pero que al día siguiente lo hablaríamos todo tranquilamente, le daría todas las explicaciones precisas y aclararía todas sus dudas. Y así quedamos.

A la mañana siguiente al plantarme en mi lugar de trabajo, y media hora antes de la cita, el susodicho ya me había dejado un mensaje de voz en el teléfono diciéndome que no acudiría porque le habían dicho que “… estos temas con abogado y procurador se van a 2.000 euros y que su economía no se lo podía permitir, y por lo tanto solicitaría un letrado de oficio”. Añadió que si yo quería hablar con él le llamase a un número que dejó. Yo le llamé pero no me respondió, aunque unos minutos más tarde sí que me llamó. Le intenté decir que eso que le habían dicho de los 2.000 euros no tenía porque ser así, pero que para saberlo había que mirar el tema con detenimiento y discernir el detalle de las actuaciones que serían necesarias, respondiéndome a esto último que “sí, que bueno, pero que también le habían dicho que necesitaría un perito para el coche y que entonces ya los gastos no los podría cubrir seguro…”.

Y digo yo. ¿No sería más adecuado consultar a un abogado todos estos aspectos que ir arriba y abajo según dimes y diretes? En nuestro despacho no cobramos la primera visita pero es que aunque sea incluso pagando, ¿no merecería la pena y sería más conveniente y adecuado tener una visita con un profesional del derecho y salir con todos estos aspectos bien claros, incluso para tomar una decisión mucho más madura, y con una base mucho más sólida, acerca de si realmente lo que más me conviene es solicitar un abogado de oficio porque es lo que más se adecua a mis concretas y determinadas circunstancias? Nunca, y digo nunca, hay dos casos idénticos. Así que si un amigo o conocido necesitó efectuar un peritaje de su vehículo a unos determinados honorarios, no puede ni debe llevar a efectuar paralelismo alguno con unos hechos que me hayan sucedido a mi por mucha semejanza que nos de la sensación que tengan. Cualquier matiz puede hacer variar de forma absoluta el enfoque con el que habrá que abordarlos.

¿Se le ocurre a alguien que le duela algo ir por ahí buscando opiniones sobre lo que pueda sucederle y el tratamiento que resultaría más adecuado a esa dolencia, o se visita al especialista en medicina para que le diagnostique y prescriba la actuación correcta para su recuperación?

El señor del que les hablo estuvo en mi órbita unas 17 horas (desde las 5 de la tarde, hasta las 10 de la mañana del día siguiente) sin haberme dejado orientarle en ningún momento sobre su asunto sino simplemente retransmitiéndome él lo que personas anónimas le iban diciendo sobre lo que podría versar su asunto, los contras que le podría plantear y la forma como debía afrontarlos.

 

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